Alguna vez tube un sapo de mascota

Un día me cansé de la gran ciudad, y decidí regresar, volver a la vida más pueblerina. Algo que nunca me pudo dar bs as fue un buen pasto al cual pisotear descalzo, tirarse a reposar y tomar sol, cual fotosíntesis humana. Bolívar me devolvía así aquello que tanto anhelaba y me cuerpo necesitaba: la naturaleza. Cuide cada insecto que aparecía, me las ingeniaba para convivir con ellos. Mi madre me insistía con que matará la infinidad de hormigas que tenía en el patio, yo me resistí hasta el día que me fui. La sorpresa vino cuando un día acomodando el patio me encontré con él. Mi primer sapo del hogar. No podía creerlo, era increíblemente grande y hermoso, y lo más loco de todo es que era el único en la casa (cuando en bolívar está lleno de sapos). Decidí cuidarlo, hacernos amigos, habíamos llegado a un código de comunicación en donde yo le daba indicios para que él se moviera, poder verlo antes de cortar el pasto, así evitábamos juntos que yo lo pasara con la cortadora por arriba.

Era tan increíble, que no pude evitar sacarle unas fotos. Me puse super cerca y él se dejó, parecía que posaba para mí, unos ojos que no podían más. Nunca supe bien si era un sapo o un escuerzo, de todas maneras, ya lo había adoptado como mascota. Era muy increíble nuestra conexión de comunicación, yo prendía la máquina de cortar el pasto y él saltaba, lo veía y empezaba bien lejos de él, luego cuando ya debía cortar el pasto en donde él estaba, me acercaba, prendía la maquina cerca suyo y él, muy sabio, se corría sutilmente al otro lado del jardín. Estaba fascinada con mi sapo, no llegue a ponerle nombre, pero ya éramos grandes amigos, pero así todo no tuvo un final muy feliz. Un día nos desconectamos. Creo que ambos ese día no tuvimos un buen día. Yo andaba a las apuradas (debes en cuando se dejaban ver las secuelas de la gran ciudad), y él no sé, seguro que estaba aburrido, típico de la vida pueblerina, desanimado, no se dejaba ver. Y justo ahí mismo en el medio de nuestra desconexión, se me ocurre costar el pasto…a la mierda el sapo. Fue imposible reconocer el cadáver, una cosa tristísima… ya no sé si volvería a tener un sapo de mascota.